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miércoles, 5 de agosto de 2015

Apuntes biográficos sobre el Hospital Civil Provincial San Juan de Dios de Málaga CapituloII

Buenos días a todos,aquí esta como os dije el segundo capitulo

Imagen:vidriera de Ecmo. Ayuntamiento de Málaga conmemorando la entrada de los Reyes Católicos a la ciudad


CAPITULO II
DE SUS PROTECTORES Y RECURSOS

PROTECTORES DEL HOSPITAL: PAPAS Y REYES

La beneficencia ejercida en la Edad Media en los monasterios cistercienses y benedictinos es la precursora de la fundación de los canónigos regulares. Éstos últimos dependían de los cabildos catedralicios y eran los responsables de la hospitalidad que se ofrecía a peregrinos, viajeros, enfermos, mujeres embarazadas y niños abandonados.
Los reyes españoles coincidentes expidieron análogas resoluciones en la creación de establecimientos benéficos: hospitales, orfelinatos y albergues de peregrinos. De esta forma se dio el encargo de los Reyes Católicos al obispo de Málaga para la creación del Hospital de la Reina, predecesor del Hospital Civil Provincial.
Hasta el siglo XVI era la Santa Sede quien reglamentaba, reunía y modificaba los establecimientos de beneficencia, y los reyes promovían y aprobaban este procedimiento. Los servicios prestados por la Iglesia  excluyeron al Estado de la participación que le correspondía tener con carácter de servicio temporal.
La Hermandad de la Caridad, una vez concedida la administración del hospital, solicitó al Papa León X la posibilidad de elegir una capilla con un altar donde poder celebrar la santa misa y una campana para dar a conocer su comienzo a los fieles. Esta suplica fue aceptada mediante bula el 23 de julio de 1513.
En 1514, y mediante una segunda bula del mismo pontífice, el Hospital de la Caridad recibió el privilegio de indulgencia plenaria para cualquier persona que practicara algún bien a los enfermos o fallecidos en su recinto, fuera en forma de visita o de limosna.
Don Diego Ramírez de Villaescusa, segundo obispo de Málaga y capellán mayor del concejo de la reina doña Juana, publicó un sumario de la bula anterior el 26 de junio de 1517 en Valladolid, así como la relación de todos los privilegios que el Papa Julio II había concedido al Hospital de Sancti- Spiritus in sacra urbe de Roma.  Estos privilegios son concedidos igualmente al Hospital de la Caridad de Málaga por Sixto V mediante bula de 13 de agosto de 1586.
El 15 de mayo de 1518 los privilegios de la bula de 1514 fueron ampliados por el propio pontífice. De entre éstos destaca el nombramiento de un juez conservador cuya jurisdicción alcanzase hasta 30 leguas del último lugar del obispado.
La fundación del hospital se completó con Carlos V, mediante un real despacho que ordenaba a los corregidores y justicias que se inhibieran de introducirse en el gobierno que la hermandad ejercía en el hospital. Éste, por tanto, sólo dependía del Real Patronato de su majestad, de su autoridad y disposición.

LAS REPRESENTACIONES TEATRALES COMO FUENTE DE FINANCIACIÓN
En esta época era habitual que los hospitales dispusieran de un local para representar obras de teatro, cuyas ganancias se destinaban a gastos asistenciales. Eran los llamados corrales de comedias, distribuidos entre los distintos hospitales de la Edad Media en la España cristiana.
Puede que esta funcionalidad de alguna de las dependencias hospitalarias resulte chocante al lector, pero hay que tener en cuenta que los que atendían a los enfermos eran frailes y que la mayoría de las representaciones eran de carácter religioso. Sin embargo, no sólo se representaron obras sacramentales, sino otras de contenido moral discutido, que más tarde se convirtieron en el argumento para el cierre de las obras. También se representaban óperas, actuaban títeres, se llegaron a celebrar bailes de máscaras e incluso se presenciaron luchas de gallos.
En el año 1490, La Hermandad de la Caridad destinaba las dependencias de un patio para las actividades teatrales en el emplazamiento primitivo de la calle Mesón de Vélez. Sin embargo, estas representaciones estaban sujetas a periodos de cierre por motivos tales como epidemias, muerte de miembros de la realeza o problemas de salud pública y moral, inconvenientes que mermaron en gran medida la economía del hospital.

......Entre hermosos edificios
Tiene Málaga la bella
      Sostén de sus hospitales,
       Amplia casa de comedias....
                                                                 (Díaz Escovar)

Tras el traslado en 1514 a las inmediaciones de lo que hoy es la catedral y por aquel entonces la iglesia mayor, el hospital contaba con un corral de comedias anejo a su lado sur pero independiente, y edificado en torno a un patio rectangular con dependencias bien definidas para las mujeres, hermanos de la caridad y el escenario. Contaba igualmente con diecisiete camerinos comunicados por angostos pasillos.
Entre 1598 y finales de 1600 se prohibieron las representaciones, gran agravio para el sostenimiento del hospital.
El corral siguió funcionando en 1634, pero sus deficiencias incitaron a los Hermanos de la Caridad a plantear la construcción de uno nuevo. Así compraron unos terrenos colindantes al hospital y pertenecientes a doña Isabel Illescas, dama benefactora de obras de la caridad, por un valor de mil quinientos maravedíes. El antiguo corral seguía funcionando en paralelo y sus ingresos costearon la obra del nuevo, que quedó muy avanzado para 1662.
Los Hermanos de la Caridad se plantearon seguir con el antiguo teatro y utilizar el nuevo como enfermería, fundamentalmente por motivos económicos, pero tanto la corona como el concejo malagueño se opusieron a ello. Mediante la Real Cédula de 1676 se aprobó la nueva real casa de comedias, cuyo importe ascendía a la cantidad de 34.000 ducados.
 Según las crónicas de la época, sus materiales eran de buena calidad, su posición, rectangular, con el escenario en uno de sus lados, y las entradas y colocación de asistentes, estaban bien diferenciadas para hombres y mujeres. Asimismo, disponía de laterales con tribunas, un segundo piso abierto al exterior y un patio con bancos para el pueblo.
Aquí se estrenaron las obras del comediante malagueño don Francisco de Leiva y Ramírez de Arellano, representadas por actores de la valía de Francisco Correa y Luisa Robles. Tampoco podemos olvidar al que además de cómico fue aventurero y truhán, Agustín Rojas Villandrando, madrileño de nacimiento y ciudadano del mundo a quien los avatares de la vida le condujeron a Málaga por un tiempo. Salía airoso de sus peripecias y, según narra él mismo, lo llamaban “el Caballero Milagro”, pues por intercesión de la Virgen de Atocha salvo la vida ante unos agresores:
Los que me decían milagro
       Ya de veras me lo llaman
     Qué bien de milagro vive
           Quien de milagro se escapa.
                                                                                                    (Agustín Rojas)

Compañías como: “La Farándula” y “El Ñaque” en el siglo XVII, y “La Garnacha”, “La Gargarilla” y “El Cambaleo” en el siglo siguiente pasaron por este corral de comedias
Las representaciones empezaban con la fresca en verano y a las cinco de la tarde en invierno. Las funciones se daban a beneficio de los actores, y algunas veces de los presos y pobres. Al terminar la función se continuaba con bailes de contenido popular, mágico o alegórico. Adentrado el siglo XVII, el espectáculo se adornó con la introducción de cánticos como arias y composiciones italianas. Por último, y como cierre de función, se terminaba con un entremés o sainete.
En la epidemia de 1678 se utilizó como espacio asistencial, enterrando a los fallecidos en el suelo y disponiendo de los camerinos como enfermerías para los contagiados. Esto bastó como motivo para no aconsejar su reapertura como lugar de entretenimiento, pese a la solicitud de fray Gregorio de Olazar, prior de la orden  de San Juan de Dios en 1692.
El Ayuntamiento de Málaga, en cabildo de 11 de octubre de 1741, acordó no asistir más a las comedias y dio orden de quitar el banco destinado a la corporación en el corral del hospital.
Tras la epidemia de 1714 el corral de comedias del Hospital de la Caridad se cerró definitivamente por orden del que fue obispo de la ciudad, don Juan Eulate y Santa Cruz, en el año 1745. En contraprestación por la pérdida económica que ocasionaba, aportó 400 reales mensuales en concepto de compensación. A su muerte, había concedido 45.000 reales al hospital. El Corral de Comedias sirvió más tarde de espacio asistencial, aunque también hubo alguna propuesta de utilización industrial. Durante la segunda mitad del siglo XVIII se destinó como enfermería para atender a los enfermos de tropa.
OTRAS FUENTES DE FINANCIACIÓN
Aparte de las rentas decimales y de los ingresos de la casa de comedias ya mencionados, el hospital tenía otras fuentes de financiación: los censos impuestos en bienes rústicos y urbanos, entierros, limosnas, ropa vendida, producto del cepo, el importe por la celebración de misas en memoria de los fieles difuntos y donaciones de muy diversa índole entre las que destacaban las contempladas en los testamentos.
Para imponer los censos y proceder a su escritura era necesario la autorización de dos figuras que trataremos más adelante: la del visitador y la del mayordomo.
Los arrendamientos correspondientes a fincas urbanas eran buenas fuentes de beneficios. El hospital poseía casas en calle Granada, Puerta Nueva, Almacenes, Muro de Espartería, Alta, Parras, Plaza del Carbón, Madre de Dios y Bolsa. Por falta de dinero para su restauración, estas casas a veces era preferible su demolición a su mantenimiento.
En cuanto a las donaciones testamentarias, éstas eran de muy variable designación, como la que Gaspar de Silva hizo en 1555 al asignar 23 camas y aportar una dotación de 1000 reales anuales. Igualmente, fueron benefactores del hospital, mediante testamento, los obispos Bartolomé Espejo, fray Francisco de San José, y el provisor y vicario general del obispado: Juan Manual Romero de Valdivia.
El hospital también recibía pagos en especies como gallinas, cebada y trigo, y contaba con exenciones fiscales propias de un establecimiento de beneficencia por acoger productos de aprovisionamiento como el vino o la leña. A pesar de estos ingresos, el hospital era deficitario por la prestación sanitaria que atendía.     



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