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CAPÍTULO I
SOBRE EL COMIENZO DEL HOSPITAL CIVIL
EN EL REAL DE LA CARIDAD Y
DE SANTA CATALINA
EL LEGADO
ÁRABE ANTES DE LA
RECONQUISTA
Sitúese
el lector en la Málaga
antes de la conquista cristiana, donde los conocimientos de medicina como
legado árabe eran de gran valor. Los médicos de esta época tenían claro el
concepto en algunos aspectos de la salud pública. Consideraban que las ciudades
debían estar en alto y bien aireadas, y eran conscientes de que las aguas de
los ríos putrefactas podían conducir a grandes epidemias. También resaltaban la
importancia de la cultura de los baños como método purificador, tanto para el
alma como para el cuerpo.
Las
enfermedades contagiosas, casi desapercibidas en su estudio por griegos y
romanos, recobraron grandes autores en este momento. Éste fue el caso del
médico andalusí Abu Yafar Muhammad ibn Alí ibn Játima
(1323-1369), y su libro sobre la epidemia de peste bubónica, a pesar de
que el agente causal de la enfermedad era desconocido en aquel entonces.
La
farmacopea preislámica fue enriquecida por los musulmanes con ámbar gris,
alcanfor, casia, la especia del clavo, mercurio y mirra. Además, introdujeron
preparados como el sharab y el shulab, correspondientes a los términos
castellanos jarabe y julepe, respectivamente.
El
19 de agosto de 1487 Málaga es reconquistada después de largas y duras batallas
contra el ejército moro acuartelado en el castillo de Gibralfaro. Tras la toma
de la ciudad, quedaron unas 40 familias como habitantes censados en la
provincia. Pronto estas tierras fueron ocupadas por una población de entre 5000
y 6000 personas, que crearon una creciente demanda religiosa, urbanística y
asistencial.
Como
dato curioso, y a efectos de higiene, cabe destacar que los nuevos ciudadanos
de la España
cristiana dejaron de lado el buen hábito de lavarse, tan arraigado en el pueblo
musulmán, lo que sin duda llegó a agravar la salud pública en aquellos años.
Los
conceptos actuales de asistencia social y hospitalaria han sufrido cambios
etimológicos, etiológicos, legislativos y funcionales a través del tiempo.
Desde el punto de vista jurídico, la beneficencia puede ser considerada como
aquella actividad dirigida a satisfacer las necesidades de quien se encuentra
en situación desprotegida. Pero si nos referimos a su etimología, “de bene facere,” significa hacer el
bien.
La
beneficencia siempre estuvo ligada a la Iglesia. Su concepto se confunde con el término
de caridad, si bien esta similitud la engrandece y la ensalza con miras
espirituales, dándole aspecto cristiano y teologal. La caridad como sentimiento
generador de beneficencia está establecida desde el comienzo de los tiempos.
Así lo recogió el Dr. Don Fermín Hernández Iglesias (1876) en textos sobre la
beneficencia en España:
“La
caridad se amolda a los mejores sentimientos de la naturaleza humana y es
condición necesaria de nuestra sociabilidad: la desgracia la excita como
instintivamente y sin el socorro mutuo la sociedad no la concibe. Fue
la caridad ley de nuestra naturaleza, de la religión mesiánica y de la
cristiana, y si bien el tiempo no cambio su carácter, la dio mayor extensión”.
Sumergido
el espíritu de la ayuda a los enfermos bajo el prisma de la caridad, y con el
clero como responsable, fueron creándose dependencias en torno a conventos y
parroquias con el ánimo de curar los males del cuerpo y del alma, y así atender
a pobres, desprotegidos, enfermos mentales, viudas y niños. Enfermerías,
hospicios y leproserías ejercían la caridad enfocada a diversas funciones
asistenciales según las necesidades concretas de cada persona. Estos centros de
atención comenzaron a establecerse en este tipo de edificios de carácter
doméstico, sin que tuviesen las mínimas condiciones para ejercer el fin que
pretendían.
MÁLAGA VULNERABLE
Málaga ha
sido y sigue siendo un enclave vulnerable y desprotegido ante las agresiones
externas por su situación geográfica y de carácter portuario. La ciudad
cosmopolita, abierta y solidaria que acogía a cuantos por allí pasaban era al
mismo tiempo una urbe peligrosa desde el punto de vista sanitario. Málaga era,
pues, receptora de enfermedades, sufridora de epidemias y hábitat de patógenos
de desconocida procedencia.
Las
características que hacían de Málaga una ciudad sanitariamente comprometida
obligaron a las autoridades a respaldar a parroquias e instituciones religiosas
con la creación de fundaciones hospitalarias que dieran una mayor cobertura a
las ya existentes. De esta forma se pretendía ayudar a los frailes, que eran
insuficientes para afrontar tal situación. Así pues, y siempre bajo el prisma
de la ayuda y de la caridad, se reunían hombres y mujeres de buena fe, que
guiados por su espíritu y su corazón ayudaban al más débil. De esta forma
aparecieron instituciones que, con la misma finalidad, recibieron dos
terminologías diferentes: hermandades y cofradías. Las dos se diferenciaban
sólo en el culto externo, que las cofradías incluían entre sus preceptos,
mientras que las hermandades carecían de ello.
De entre
las instituciones con ánimo de entrega, cabe destacar a la Hermandad de la Caridad , que fue fundada
bajo el beneplácito de los Reyes Católicos por Maestre Bartolomé de Baena,
cordobés de cuna que adoptó como apellido su pueblo de origen. Esta alma
inquieta llegó a nuestra ciudad con los conquistadores para la toma de la Málaga musulmana.
Movido por
la caridad y ayuda a los más desvalidos, Maestre Bartolomé se unió a personas
de su mismo pensamiento cristiano para fundar en 1488 la Hermandad de la Caridad , que mas tarde
pasaría a regentar el hospital del mismo nombre. Con mucha voluntad pero pocos
recursos, esta asociación de buenas gentes recogía a los desamparados y atendía
a los enfermos pasando factura a sus propios haberes.
La persona
que solicitase pertenecer a la hermandad debía reunir una serie de requisitos
elaborados por sus miembros fundadores y establecidos en un reglamento de
régimen interior. Entre ellos figuraban:
“1º Profesar la religión Católica,
Apostólica y Romana.
2º No haber sido castigado con pena infamatoria
por ningún tribunal nacional o extranjero.
3º Ser loable y buena costumbre.
4º Poseer caudal o empleo para mantenerse con
honor y decencia.
5º Haber cumplido la mayor edad si no es hijo
de Hermano, y siéndolo, tener al menos 15 años, pero sin voz ni voto hasta la
mayoría de edad.
6º Hallarse resuelto a servir a Dios en sus
pobres”.
Los
hermanos iban identificados mediante una medalla que sujetaban al cuello con
una cinta color azul. En ella se representaba un corazón envuelto en llamas,
sustentando una cruz de aspecto rústico en cuya base se podía leer: “Deus charitas
est”, (Dios es caridad).
Los
afiliados a la hermandad no sólo atendían a los enfermos mayores de 60 años en
su pequeña casa hospital, sino que se encargaban de confortar y dar sepultura a
los reos de muerte, siempre que no se hubieran opuesto a recibir los santos
sacramentos antes de la ejecución. Si entre ellos no había un médico o
enfermero, se encargaban de buscar para sus protegidos uno particular. Además,
en fiestas señaladas como Navidad, Corpus Christi, Pentecostés, San Antonio y
Santa Bárbara se agasajaban a los recogidos con una comida extraordinaria.
Son
muchas las intervenciones que la
Hermandad de la
Caridad hizo ante grandes calamidades en la provincia de
Málaga, tal y como se irá viendo a lo largo del texto.
UN ENCARGO
ANTES DE PARTIR
Las
ordenanzas y fueros, junto a las instituciones que iban a gobernar la ciudad de
Málaga tras la conquista, fueron similares a los adoptados por los monarcas en
otras provincias ya cristianizadas. El ayuntamiento y el cabildo constituyeron
la base para el establecimiento de esta nueva forma de gobernar.
En el año
1488, los Reyes Católicos dejaron las disposiciones para equipar a la ciudad
con establecimientos de beneficencia. Entre ellas se encontraba la de la
fundación del Hospital Real de la
Caridad (concedida por Real Cédula en 23-I9-1487). La
ubicación de este recinto hospitalario se realizó en un mesón que sirvió de
caballerizas reales en tiempos de La Reconquista. Este
edificio algo desafortunado arquitectónicamente, pero el mejor de sus
alrededores, estaba situado próximo a la calle que hoy se llama San Bernardo El
Viejo, con entrada por calle Bolsa y salida por Sancha de Lara. Era de pequeñas
dimensiones: disponía de 13 camas para poder realizar el ingreso de enfermos, y
en él también se dispensaban medicinas y comidas a los indigentes.
El 12 de
febrero de 1488 se decretó el levantamiento de la catedral, con don Pedro Díaz
de Toledo como primer obispo. A él le fue encomendada la fundación de dicho
hospital, para el que se consignaron como rentas la tercera parte de los dos
novenos de los diezmos de Málaga y su territorio, así como la décima de los que
correspondían a los demás hospitales del obispado, no desarrollados pero sí
fundados.
Existía
otro pequeño hospital bajo la organización y tutela de la Hermandad de la Caridad , situado en la
calle Mesón de Vélez, entre Liborio García y Alarcón Luján. Este pequeño hospital se mantenía de varios censos, junto con la
recogida de limosnas y donaciones de los propios hermanos. Santa Catalina
Mártir fue la titular de dicho hospital.
A pesar de
los pocos recursos de que disponían, el florecimiento de la hermandad en la Málaga de aquellos días fue
grande. Con el objeto de compensar el esfuerzo de sus hermanos no se sabe bien
en qué momento, se unieron ambas instituciones: El Hospital Real de la Caridad y el de Santa Catalina.
Su administrador fue don Bartolomé Baena, al que se concedió la Hospitalidad por
parte de don Pedro Díaz de Toledo, según una disposición de los Reyes
Católicos, fechada el 27 de mayo de 1489.
Esta posible
dualidad en el origen del hospital está documentada en 1624 por el que fue su
visitador, el chantre don Alonso Barba de Sotomayor, cuyo testimonio al
respecto decía:
"Pareze
que de consentimiento de los dichos señores Reyes, el Obispo de Málaga D. Pedro
de Toledo ordinario encorporó este Hospital real de santa Chatalina a la dicha
Cofradía y hospital de santa Charidad haçiéndoles uno…consta de la escriptura
que se llama el Hospital de la Santa Charidad y de santa Chatalina"
Así pues
quedaron ambas instituciones unidas bajo la administración de la Hermandad de la Caridad en una sola
entidad: el Hospital Real de la
Caridad.
CONTINUARÁ. . . . . .
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