viernes, 25 de marzo de 2016

Apuntes biograficos sobre el Hospital Civil Provincial de Málaga .Capitulo XIII

CAPÍTULO XIII
GRANDES MÉDICOS, MALOS MOMENTOS

Fuente:Diario Sur.Dr.Galvez Ginachero



DE LOS DIRECTORES siguientes que tuvo el hospital
DR. DON JOSÉ GÁLVEZ GINACHERO (29-9-1866:29.04.1952). Este gran médico ginecólogo y mejor persona fue director del Hospital Civil Provincial durante tres periodos diferentes: un primer periodo desde el 23.02.1923 al 26.09.1932, un segundo desde el 16.07.1934 al 29.09.1936 y un tercero desde el 8.02.37 al 29.04.1952, con las corrientes políticas algunas veces en contra y otras a favor de su forma de ser y de vivir.
Nació en Málaga y pronto tuvo la inquietud religiosa del sacerdocio, pero tras los consejos de su madre decidió dirigir su vida a los demás estudiando la carrera de medicina. Se trasladó a Granada para los estudios de licenciatura, que terminó en septiembre de 1890 y los de doctorado en la universidad Complutense de Madrid con la calificación de “cum laude” en 1891, un 31 de Mayo, sobre: Parálisis Laríngeas, publicado en 1916.Solo contaba con 24 años de edad. Completó sus estudios de postgrado en París bajo la dirección de los doctores Pinard, de Varnier y Farabeuf.
En1893, ingreso en el cuerpo facultativo del Hospital Civil de Málaga, llegando a cirujano obstetra por oposición el 7 de enero de 1895. Pronto se extendió la fama de su hacer en la especialidad de ginecología y obstetricia, registrándose en el hospital a mas de 150.000 embarazadas y enfermas asistidas, de las cuales dieron a luz en la primera mitad del siglo XX, 64.610 mujeres. Si añadimos las 75.000 atendidas en su clínica particular, mas los catorce años de actuación en la de Santa Cristina de Madrid con unas 15.000 pacientes, nos darían un cómputo general de unas 240.000 mujeres visitadas. El sueldo que recibía en el Hospital Civil lo entregaba en su totalidad a las Hermanas de la Caridad. En 1917 dono el radio suficiente para el tratamiento de las mujeres de cáncer que sin medios eran asistidas en el hospital.
Ya a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, existían diversas formas asistenciales a la mujer embarazada en su atención al parto, según la clase social a la que pertenecían. Así las de clase acomodada eran asistidas por los grandes ginecólogos del momento en sus clínicas particulares, las de posición media daban a luz en sus casas, normalmente asistidas por una matrona y en casos determinados por un médico y las que no contaban con medios iban a los hospitales de beneficencia, en el caso concreto de Málaga al Hospital Civil, donde paradójicamente eran atendidas por los mismos profesionales de las clínicas privadas.
Una de las más prestigiosas obras que realizó el Dr. Gálvez, fueron las maternidades de Madrid y Málaga.
De la Diputación Provincial de Madrid, dependía la Casa de Maternidad e Inclusa, situada en la calle Mesón de Paredes. Era un edificio lamentable, casi en ruinas al que acompañaba las estadísticas de mortalidad de las madres en cifras escandalosas. En una visita que realizó don José Gálvez, a este establecimiento tuvo la idea de reformarla, comunicando ese deseo a doña Amalia Loring, marquesa de Silvela. Con su ayuda se renovó la casa convirtiéndose en Casa y Clínica de Maternidad. Pero el Dr. Gálvez quería mejorar aún más esa institución, para lo que encargó a Amalia Loring que transmitiese esos propósitos a la reina doña María Cristina, la cual apoyó y ayudó a que se crease la Casa de Salud de Santa Cristina y la Escuela Especial de Matronas en la calle O’Donell de Madrid. José Gálvez se hizo cargo de la dirección, iniciándose la enseñanza teórica y práctica de las matronas o comadronas. El empeño del Dr. Gálvez en formar matronas, lo centraba en que las consideraba completamente necesarias como profesionales formadas para la asistencia a la mujer embarazada durante su gestación, parto y puerperio.
De este periodo el Dr. Gálvez recopila todo el trabajo realizado hasta el momento en su libro: La Casa de Salud de Santa Cristina y Escuela de Matronas”, publicado en 1926.
LA MATERNIDAD PROVINCIAL
Este modelo organizativo lo quiso trasladar a Málaga, consiguiendo después de muchos esfuerzos, la apertura de la Escuela de Matronas dentro de las dependencias del Hospital Civil Provincial dependiente de la Excma. Diputación de Málaga.
En lo que a la Maternidad Provincial de Málaga, se refiere esta comenzó con el empeño del Dr. Gálvez y según su propio testimonio, en: “La sección empezó por dos pequeños cuartitos en el fondo de una sala de medicina, ascendiendo luego a ocupar la sala del primer piso tercero, del tercer pabellón de la derecha, designada con el nombre de sala de San Pablo. Después se le sumó la homóloga del segundo pabellón también de la derecha. Por último, en el segundo pabellón y en el primer piso se encuentra la Sala de Santa Teresa, en la cual se atienden a las enfermas sépticas y a las cancerosas avanzadas”
Las mujeres embarazadas que llegaban a la Maternidad del Hospital Civil Provincial eran la mayoría mujeres sin recursos acogidas a la Beneficencia Provincial.
Se puede conocer en este momento, como funcionaba esta maternidad, gracias el riguroso estudio que realizó el Dr. Olalla Herrera en 1992, por el que obtuvo el grado de doctor. Son muchos los parámetros analizados por este ginecólogo del Hospital Clínico Universitario de Málaga que nos muestran el panorama obstétrico de la Maternidad Provincial en la primera mitad del siglo XX.
Aproximadamente un poco más de la mitad de las pacientes que iban a parir al hospital procedían del medio rural y un poco menos de la otra mitad a la capital, con un escaso porcentaje a las que el parto se les presentaba de forma intempestiva como transeúnte. El mayor índice de las de la capital procedían de barrios obreros como el Bulto, Playas de San Andrés, Perchel, Huelin, Trinidad, Carranque, Colonia de Santa Ines, Camino de Suarez, y de las zonas próximas al hospital: Ciudad Jardín, Capuchinos, El Ejido entre otras. De la Malagueta hacia el Palo su porcentaje estaba representado en un escaso veinte por ciento.
Esta maternidad era la de referencia en toda la provincia y reclutaba a todas las embarazadas con problemas, de aquí que presentara un índice de partos distócicos mas alto que en otros centros del momento.
Las matronas asistían a la mayoría de los partos (76.5-78.4%), la media de edad de las pacientes era de 28.3 años, la duración media del embarazo de 39.74 semanas y la del parto de 11 horas y 50 minutos. El fórceps constituía la técnica toco-quirúrgica que con más frecuencia se utilizada (6.1%), mientras que la cesárea se practicaba en un 3.3%.
Si seguimos presentando datos estadísticos de este periodo, primera mitad del siglo XX, en la maternidad del Hospital Civil nacieron un 50.6% de niños y un 49.4% de niñas. Las mujeres que morían de parto, con una incidencia de 19.6 por cada mil partos, fallecían bien por infecciones generalizadas, sepsis (61.5%), o por hemorragias (30.8%) y el pequeño porcentaje restante por muerte súbita. En cuanto a la mortalidad perinatal se producía la mayoría de las veces intraparto (57.8%), siendo la mortalidad perinatal global del 146 niños por cada 1000 nacimientos.
Las mujeres de estos momentos que ingresaban en el hospital para parir lo hacían con largos periodos de estancia, si los comparamos con las cuarenta y ocho horas actuales de un parto normal. Una mujer de la capital podía permanecer en el hospital en torno a los ocho días, duplicándose esta en caso de madres ambulantes y de unos quince días si procedían del medio rural, independientemente de los problemas obstétricos que pudieran presentar, demostrándose así, el carácter socio-asistencial que desempeñaba el Hospital con las pacientes, añadido al puramente médico.
Las mujeres de esta época pairan su primer hijo, por término medio a los 24 años, ya que solían casarse con una media de 22, también constatar que el 93.2% de las madres iniciaban la lactancia materna en el centro hospitalario.
La Maternidad Provincial del Hospital Civil en 1946 contaba con un servicio bien estructurado y una plantilla que suponía el 20% del global del hospital compuesta por el siguiente equipo: Dr. Don José Gálvez Ginachero. Director de los servicios de Maternidad y Ginecología. Dr. Don Manuel Bustamante Pinto. Jefe de los servicios de la sección de Tocoginecología. Dr. Don José Luis Oliva Marra-López. Médico de sección de Tocoginecología. Dr. Don José Gálvez Mol. Médico de sección de Tocoginecología. Dr. Don Diego Narbona Márquez. Médico de la sección de Tocoginecología. La jefa de matronas doña María de la Cruz Salazar.
El 18 de julio de 1951 se inauguró una nueva Maternidad en el Hospital, denominada “Dr. Gálvez Ginachero” con nuevas salas de operaciones de obstetricia y partos anormales. Esta maternidad llegó a su punto máximo de asistencia en 1953, con una casuística de 3.170 partos, lo que en porcentajes representa el 13.69 de todos los producidos en Málaga en aquel año, siendo la media de asistencia de 8.7 partos al día, cifra que se incremento de forma manifiesta, si tenemos en cuenta que a principios de siglo la asistencia en el hospital era de 0.3 a 0.6 partos al día. Poniéndose así de manifiesto el esplendor que adquirió la Maternidad en este momento. Además la mujer, no solo la de Málaga, sino como tónica general en todo el país iba cambiando de mentalidad y prefería por seguridad desplazarse a un centro sanitario a dar a luz, sin menospreciar la gratuidad de la asistencia. Así pues en los primeros años de 1900 parían en el hospital una de cada 22 malagueñas, en contraposición de lo que ocurría en los años 50 que lo hacían 1 de cada 2.5 mujeres.
Casi recién llegado el Dr. Gálvez a su primer periodo de dirección, se celebro en el Hospital y sufragado en parte de su bolsillo, unas conferencias sobre Métodos Modernos de Exploración Funcional, organizadas por el Colegio oficial de médicos. Para ello se invitaron a los doctores: don Fernando Enríquez de Salamanca y don Carlos Jiménez Díaz, procedentes de la Facultad de Medicina de Madrid.
Coincidiendo con la festividad de San Juan de Dios de 1923, se inauguraron en el hospital dos salas de Medicina y Cirugía, bajo el patrocinio del Conde de Mieres del Camino.
Durante la dictadura de don Miguel Primo de Rivera, don José Gálvez, fue nombrado alcalde de Málaga, el 3 de octubre de 1923, puesto que desempeñó hasta el 21 de mayo de 1926. La propuesta para la Alcaldía fue difícil de aceptar por don José, pues según sus propias palabras: “no es mi oficio”. Dada la insistencia de sus amigos y familiares acepto, como deber y responsabilidad. Nada mas llegado a la misma, redujo sus gastos de representación de veinte mil pesetas que estaban estipuladas a doce mil.
El General Primo de Rivera un año mas tarde, en 1924, visitó el Hospital Civil con motivo de su visita a Málaga.
Durante su gobierno municipal se redactó el Proyecto del Plan General de Grandes Reformas de Málaga, que comprendía: obras en la red de alcantarillado; mejora y acondicionamiento de la traída de agua desde Torremolinos, para abastecimiento de la ciudad; pavimentación de calzadas y aceras; apertura al trafico rodado de la parte central de la Alameda dándole así continuidad al Parque; la adquisición de los terrenos del Campamento Benítez; y la construcción de nuevas escuelas, entre las principales obras acometidas. Para afrontar todos estos proyectos solicito un crédito a la Banca Marsans de Barcelona de 30 millones de pesetas y buscó el asesoramiento de los ingenieros, Guadalhorce, Werner, Giménez Lombardo y Boris Romero. También consiguió dos millones de pesetas para el Paseo Marítimo.
El doctor Gálvez, debido a su conciencia de la importancia que tenia la enseñanza para el desarrollo de la ciudad, fundó las Escuelas del Ave María. Para ello, donó unos terrenos de su propiedad para la ubicación del primer colegio que lleva dicho nombre.
Si realizó algún denominado hoy “tráfico de influencias” desde su función de Alcalde, no fue nada más que la de dotar al hospital de los mejores adelantos científicos y técnicos del momento.
Durante su gobierno se realizó la Exposición de Málaga, que fue inaugurada el 17 de agosto de 1924 y que tuvo una gran resonancia nacional. En un tiempo récord de 23 días se adecuaron unos terrenos colindantes al Palacio Municipal, donde se presento todo lo bueno que Málaga podía ofrecer. De igual modo se improvisó en el mismo lugar un teatro.
En Mayo de 1926, presento un oficio de renuncia, pensando que ya era tiempo suficiente para dejar de ocupar el puesto de alcalde. Esta decisión fue aceptada en el pleno del 21 de Mayo de 1926. Al mes siguiente, el cabildo en sesión plenaria, acordó nombrarle Alcalde Honorario.
Colegiado con el numero 13 en septiembre de 1898 en el Colegio de Médicos de la Provincia, llegó a ser, Presidente del mismo, elegido por votación, el 15 de junio de 1921, avalado por sus conocimientos en el campo de la medicina y por sus dotes como personaje de la vida pública. La primera Junta Directiva, bajo la presidencia de don José Gálvez se celebró el 9 de Julio, siguiente a su elección.
En el año 1924, fundado por el Dr. Ramos Acosta, se inauguró el ateneo de Ciencias Médicas de Málaga, como soporte cultural del propio Colegio de Médicos. Se pretendía con esta institución, crear un marco para la celebración de conferencias y presentación de los logros científicos de los colegiados. Su presidente titular fue el Dr. Gálvez Ginachero, pasado el periodo correspondiente de mandato se le nombro Presidente Honorifico del mismo.
Sin embargo, el Dr. Gálvez también tuvo detractores, compañeros del Colegio Médico de Málaga y del ateneo de Ciencias Médicas que discreparon de su gran dedicación en muchos de los ámbitos de la vida pública y médica de Málaga.
El propio Dr. Ramos Acosta, que tiempo atrás lo nombro Presidente Honorifico de la institución, fue el abanderado de un número considerable de médicos de la “oposición”, que condujeron al Dr. Gálvez a presentar la dimisión de su cargo de Presidente del Colegio Médico.
Una vez convocada nueva votación a la Junta Directiva, primavera de 1927, los opositores ganaron con 82 votos sobre los 58 que obtuvo Gálvez, dos menos que los que obtuvo en 1925 en la que fue elegido por segunda vez Presidente.
Citar aquí, parte de la llamada “Moción de Censura” al Dr. Gálvez, redactada por un miembro de la Junta Directiva del Colegio Médico entrante, concretamente por su vicepresidente Dr. Don José L. Duran Souza, redactor jefe a la vez de la Revista Médica de Málaga, después de abandonar don José Gálvez la presidencia de la junta saliente:
Desde hace algunos años, el Colegio Médico de Málaga era un feudo de su Presidente D. José Gálvez.” “Los componentes de la Junta por él presidida, y que en las últimas elecciones verificadas ocuparon sus cargos ante la indiferencia de la clase médica malagueña y con el concurso de algunos Delegados Gubernativos que condujeron hasta el pie de la urna donde se efectuaba la votación, a unos cuantos médicos rurales, nada podía hacer en beneficio de sus compañeros por muy buena voluntad que tuviera.” “D. José Gálvez, Alcalde, Médico-Director del Hospital Civil, Decano de la Beneficencia Provincial de Málaga, Director de la Casa Maternidad de Madrid no tenía tiempo de ocuparse además del cargo de Presidente del Colegio Médico.” “Y esta fue la causa de su fracaso.” “En esa Junta había valiosos elementos que hubieran servido para defender los intereses colectivos. Pero su Presidente no hacía ni dejaba hacer. La eterna historia del perro del hortelano…”
Durante la Guerra Civil salvó la vida de malagueños de los dos bandos, escondiéndolos muchas veces en su clínica o pasando muchas horas en la antesala del Gobierno Civil para rogar al gobernador por la vida de los presos.
Pasó por el disgusto de ver a su hija Josefina, casada con el piloto nacional el capitán Carlos De Haya González de Ubieta, convertida en rehén de los republicanos e internada en el Gobierno Civil, estando embarazada de mellizos. Finalmente fue canjeada por Arthur Koestler, escritor británico de origen húngaro, miembro del Partido Comunista, colaborador de Stalin y que había llegado a España como agente del Komintern.
Durante su último periodo de dirección, se acometieron obras de mejora en el Hospital, como por ejemplo la inauguración de quirófanos generales en 1948, la puesta en marcha de una granja avícola un año más tarde, junto a la inauguración de los servicios de oftalmología, hematología y hemoterapia y los laboratorios de bacteriología y anatomía patológica.
A pesar de su sencillez y pocas palabras, fue merecedor de grandes distinciones: en julio de 1922 se le concedió la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco y en 1923 la Gran Cruz de Alfonso XIII. El 27 de noviembre de 1943 le fue impuesta la Cruz de Beneficencia de primera clase. El 23 de mayo de 1947 se le otorgó la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil de Alfonso X El Sabio y el 22 de febrero de 1952 recibió la medalla de Oro del Trabajo.
Con motivo de la celebración de sus Bodas de Oro como profesional, se le ofrece un gran homenaje el día 27 de noviembre de 1943. Entre los actos figuraba la colocación de un busto depositado en una de las salas del  hospital. El Colegio de Médicos de Málaga con motivo de esta celebración, lo nombra “Colegiado Honorifico” en 1946. En 1951 el busto fue colocado sobre un pedestal de mármol blanco.
En el año 2002, la escultura fue restaurada junto a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que durante años ha estado presidiendo los jardines del hospital. Hoy, frente a frente se encuentran ambas representaciones, cómplices en velar por la salud de los enfermos.
Este hombre cristiano, al paso de los años, ha sido propuesto para ser beatificado. En el año 2002 se dieron los primeros pasos a cargo del que fue obispo de la ciudad don Ramón Buxarrais. Cuatro años mas tarde el obispo actual de la diócesis, monseñor Antonio Dorado, abrió el 13 de julio de 2006, la causa de beatificación. Siendo delegado diocesano de la Causa de los Santos y postulador de la causa del Dr. Gálvez, el deán Francisco García Mota.
Que se nombre oficialmente santo es importante para los creyentes,de todas formas la “santidad oficialmente reconocida” es humana, segura estoy que por su vida y entrega lo es, es santo a los ojos de Dios, desde que se fue con Él
PERIODO DE DIRECCION: NOVIEMBRE DEL 1932, MAYO DE 1934
En este periodo cuenta el hospital con un director, don Rafael Pérez Montaut y un subdirector don Rafael Campos García.
DON RAFAEL PÉREZ MONTAUT, natural de Málaga, se licenció (11.02-09) y doctoró (13.02.13) en la Universidad Central con premio extraordinario en ambas ocasiones. Fue alumno interno por oposición del Laboratorio de Higiene y Bacteriología de la Facultad de Medicina de Madrid. Obteniendo el titulo de médico bacteriólogo por oposición del Instituto Higienista en 1920.
        Tras oposición, ingresa en el Hospital Civil, como profesor de sala en 1914. Ocupando la dirección del Hospital desde el 10.11.1932 al 26.05.1934. Ejerció la especialidad de Medicina y Cirugía infantil, siendo el colegiado número 30 del Colegio de Médicos de nuestra ciudad en 1925.
DON RAFAEL CAMPOS GARCÍA, natural de Málaga, ejerció la especialidad de Cirugía General. Fue Presidente del Colegio de Médicos en 1937. Redactor de la Revista Médica de Málaga. En 1927 gracias a su afán de formación, consigue de la administración una “pensión”. Este concepto seria ahora como una especie de beca, para continuar su formación como cirujano.
A principio de 1933 se produjo en el Hospital un cierto caos hospitalario ocasionado por el número de enfermos ingresados y la escasez de altas hospitalarias. La Diputación Provincial, con su presidente Enrique Mapelli recordaba de las carencias del hospital en cuanto a camas, ropas y presupuesto, solo contemplado para 1000 personas. La Diputación desconfiaba de la actuación médica y los médicos reclamaban más recursos. Esta  propuso realizar un control sobre el uso de medicamentos y material quirúrgico para cada enfermo.
Transcurrido un año y no solucionado el problema, mediante un nuevo reglamento de régimen interior cambio la dirección del hospital. Dicho reglamento, permitía a los médicos del hospital, pertenecientes a la Beneficencia Municipal elegir a los candidatos a la dirección de dicho centro. Mediante este sistema el Dr. Gálvez Ginachero ocuparía de nuevo la dirección del mismo.
Durante el mes de enero de 1934 y bajo la coordinación del Dr. Pérez Montaut se celebró en el Salón de Actos del Hospital Civil, un ciclo de conferencias magistrales por parte de los médicos del hospital.
DON AURELIO RAMOS ACOSTA: Se licencio en medicina por la Universidad de Madrid en 1918, fue especialista en Garganta Nariz y Oídos en la capital de España donde ejerció hasta 1923 que se trasladó a Málaga, ganando con el número uno la oposición a la Beneficencia Municipal. Ya se ha comentado el papel que ejerció en el Colegio Médico como director de la revista Médica de Málaga y fundador del ateneo de Ciencias Médicas.
Este médico, radical socialista fue nombrado director del hospital el 29 de septiembre de 1936 ocupando el cargo solo durante un mes. Fue fusilado el 8 de Mayo de 1937.
LOS MEDICOS DE “ENTONCES”
Por aquellos años, los años cercanos a 1920, antes y después, contaba el hospital con grandes figuras de la medicina que han quedado en el recuerdo de las generaciones siguientes como fuente del saber y del buen hacer. Los médicos de “entonces” eran personas entregadas al ejercicio de la profesión y ejercían el sacerdocio de la salud, como autentica forma de vida.
El ingreso al hospital se realizaba bajo el sistema de oposición para dos clases, la de medicina y la de cirugía. Tras su ejercicio, iban luego perfeccionándose en las distintas especialidades.
Junto al Dr. Gálvez trabajaban no menos importantes ginecólogos como el Dr. Bustamante y más adelante su discípulo el Dr. Narbona entre otros de los citados anteriormente.
Cirujanos como el Dr. Lazárraga Abechucho, el Dr. Campos García. El Dr. Lazárraga trabajo como cirujano militar, en varios hospitales de Andalucía, siendo reconocido por el General Queipo de Llano como Capitán médico honorifico.
Los médicos: Dr. Morales (urólogo), Dr. Jauregui (pediatra), Dr. Mugüerza (otorrino), Dr. Don Rafael Pérez Bryan (medicina general), Dr. Oppelt Sanz (especialista en aparato digestivo), Dr. Sánchez Alcoba (Director facultativo del Servicio de Dementes) eran profesionales de gran prestigio que trabajaban en el Hospital.
En el año 1925, se convoco una plaza de médico internista, que causo gran expectación. A la hora de la verdad solo concurrieron dos opositores: don Rafael Pérez Bryan y don Patricio Gutiérrez. El problema surgió cuando los dos opositores fueron brillantes y solo había una plaza. El Dr. Pérez Bryan ya era médico del hospital y este fue un punto a su favor. En cuanto al Dr. Gutiérrez se le nombro “Honoris Causa” y se trasladó una propuesta a la Diputación para adjudicarle una plaza.
También en el año 1925 salió la convocatoria para cubrir una plaza de psiquiatra para el manicomio. La gano con brillantez el Dr. Don Miguel Prados y Such. Llego a ser director del servicio de Psiquiatría del Hospital Civil. Este psiquiatra malagueño se formó en el Instituto Cajal de Madrid y en los hospitales psiquiátricos de Londres y Múnich. Realizó importantes trabajos en el campo de la experimentación animal con el también famoso investigador don Gonzalo Rodríguez Lafora. En 1939, como consecuencia de la guerra civil tuvo que exiliarse en Canadá, desempeñando la cátedra de Psiquiatría en la Universidad de Mc Gill de Montreal.
En las oposiciones celebradas en 1927, fueron compañeros de examen los doctores: don Manuel Pérez Bryan, don Pedro Ortiz Ramos, y don Antonio Moncada, don Antonio Luna Arjona, don José de la Peña y don Gustavo García de la Reguera. Se ofertaban tres plazas para la sección de medicina y una para la de cirugía. En orden de puntuación se adjudicaron las plazas de medicina a: don Manuel Pérez Bryan, don Pedro Ortiz Ramos, don Antonio Moncada. La mayor puntuación para la plaza de cirugía recayó sobre don Antonio Luna Arjona.
Un año más tarde, 1928, se oferto una plaza como profesor de guardia, concretamente de cirujano oftalmólogo. De entre los requisitos exigidos figuraba el límite de edad en los cuarenta años, a cambio se ofrecía un sueldo de tres mil pesetas mensuales. Concurrieron a los ejercicios cuatro opositores, siendo la plaza adjudicada al Dr. Bosch Alcuende.
De esta forma y siempre bajo el sistema de oposición, el cuerpo médico del Hospital Civil, iba adquiriendo un peso científico importante en la Málaga de ese tiempo.
En 1931 se celebraron unas oposiciones un tanto peculiares, se convocaron cuatro plazas como médicos de guardia y además, tenían entre sus funciones, la de prestar servicios de auxiliares en los distintas especialidades del hospital, durante un periodo de cuatro años. Esta idea fue concebida por el entonces jefe del área de medicina Dr. Don Manuel Pérez Bryan. De este modo se crea la figura de los médicos “becarios” que trataremos más adelante. Entraron al Hospital, en esta modalidad, con esta convocatoria, los doctores: don Alfonso Queipo de Llano y don Horacio Oliva para las secciones de cirugía y don Francisco Eloy y el Dr. Martínez Lería para la de medicina. El Dr. Horacio Oliva dejo el Hospital para trabajar en el Noble y el resto de los médicos debido a los revuelos políticos anteriores a la guerra civil, permanecieron indefinidamente en el mismo, a pesar de haber finalizado los cuatro años estipulados.
La entrega de los médicos del momento no era reconocida por la Diputación Provincial que tenía a otros funcionarios con sueldos superiores a los que cobraban los primeros. Un médico del Hospital Civil por muchos años trabajados y por mucha categoría que tuviera no podía cobrar más de cinco mil pesetas mensuales.
Un trágico accidente enturbia la vida del hospital en el año 1934. Muere en sus dependencias, víctima de un accidente de gas el joven médico Dr. Murciano Sedeño, solo contaba 22 años.
Sin ser de la  plantilla oficial del Hospital, pero integrado en el desde niño, es de justicia destacar al Dr. Don Francisco Giménez Reyna. Se formó bajo la dirección de los Dres Cafarena y Lazarraga, completándose la misma mas tarde en Alemania. Desarrollo un importante papel como cirujano durante la Guerra Civil. Formo parte del Servicio de Cirugía del Hospital de Antequera, para ser más tarde, jefe de servicio de Cirugía de la Residencia Sanitaria Carlos Haya.  
DR.DON FRANCISCO ELOY-GARCÍA MATA
Tuve la gran suerte de conocer personalmente a uno de esos médicos de “entonces”. Apenas terminada la licenciatura de medicina, entré como médico becario tras un examen de acceso, al Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Civil Provincial.
Don Francisco, al que todos le llamaban con respeto y cariño, había sido el responsable del servicio de Hematología y hacia poco que se había jubilado. Pero su amor y dedicación al trabajo, le llevaban cada mañana a visitar sus dependencias.
Su larga figura, sus ojos de bondad, su piel marcada por el paso del tiempo, le convertían en alguien especial, porque en realidad era alguien especial. Su voz susurrante, sencilla, cariñosa y dogmática, era para mí como un libro vivo de conocimientos.
De familia dedicada al ejercicio de la abogacía, el Dr. Eloy rompió moldes y se licenció en medicina en 1930. Enseguida entro a formar parte del cuadro médico del Hospital Civil, con una especialidad que estaba casi por descubrir, y que gracias a él se asentaron en Málaga los primeros principios de la que sería, Hematología Clínica y la Hemoterapia. Dirige y organiza en la ciudad el primer servicio de hematología, monta un laboratorio de la especialidad, establece un banco de sangre y asiste a los enfermos hematológicos. El Civil su casa, los pacientes su vida.
Va desarrollando un servicio de vanguardia. El Dr. Gálvez conocedor de su inquietud científica, y gracias a su amistad con el general Petain, consigue importar desde Francia el último modelo de aparato de transfusión. El Dr. Eloy personalmente y con todo el riesgo que comportaba, localiza en Gibraltar unos modernos tubulares de plástico para el recambio sanguíneo de los neonatos con problemas.
Creó escuela en Málaga y en Andalucía. Sus discípulos directos Dr. Don Rafael García Bredenberg y el Dr. Don Mariano Narbona supieron continuar su camino. Su sobrino el Dr. Don Juan Maldonado Eloy García, tras recoger su semilla, fue a plantarla a la que era la nueva Residencia de la Seguridad Social, Carlos Haya, montando a la vez un servicio modélico de Hematología y Hemoterapia, poniendo en marcha más adelante, entre otros avances innovadores el trasplante de médula ósea.
Don Francisco supo irradiar de bondad a todo su equipo: sor Felicite, la Hermana de la Caridad que prestaba sus servicios; Mari, enfermera ejemplar y mano derecha de don Francisco; Carmeli auxiliar, siempre alegre y servicial; Primi y Mª José, enfermeras de grandes cualidades y que todavía siguen trabajando y una joven estudiante de enfermería Gema, que supo consolidar su aprendizaje, y desempeña su puesto de enfermera en el actual servicio de Hematología del Hospital Clínico. Sin olvidar el afán de superación de Ana, que por la vía de promoción interna, es hoy secretaria del laboratorio general del mencionado Hospital Clínico.
Don Juan Maldonado tras su muerte lo recordó con estas palabras:
        “Tan solo cuando se tomaba sus días de vacaciones, con su cuerpo como pintado por el Greco, semitransparente cual dijo de él un paciente en la semblanza que le escribió agradecido, tan solo entonces se permitía ir con su esposa a descansar, y así le ha recogido el Señor dulcemente”
                                                Rev. Col .Med. Málaga oct-dic, 1983
Cuando yo estaba en el hospital, adentrados los años setenta, el servicio de Hematología se encontraba ubicado en la segunda planta del cuerpo posterior enfrente de la capilla. Al poco tiempo una vez acondicionado en su totalidad el pabellón anejo al hospital y que era todavía la facultad de medicina, se hizo el traslado a la segunda planta del mismo.
En aquellos años la donación de sangre era remunerada y se les daba a los donantes cuatrocientas de las antiguas pesetas a cambio de su donación. Los recipientes de recogida de sangre eran de cristal y había que reutilizarlos una vez concluida la transfusión. Este proceso de limpieza y auto clavado se realizaba también en el servicio. Paqui, enfermera del actual Hospital Clínico Virgen de la Victoria, me ha ayudado a recordar aquellos tiempos: “Teníamos que lavar los tapones de goma, donde en los agujeros donde iban las vías de los equipos de transfusión, se acumulaban restos de hematíes y con paciencia y un cepillito teníamos que eliminarlos. A pesar de todo no había reacciones transfusionales”.
LA INFLUENCIA DE LA SEGUNDA REPUBLICA EN EL HOSPITAL CIVIL
A pesar de que el ejercicio de la medicina debe ser políticamente independiente, es una realidad que los cambios del entorno bien de tipo político o social van a influir queramos o no sobre el desarrollo de esta disciplina.
Con la instauración de la II República se pretendía, establecer un régimen democrático en el estado español. Las elecciones municipales del 12 de abril en nuestra provincia, dieron como resultado la victoria de este nuevo régimen político. Siendo dos días más tarde, el 14 de abril de 1931, proclamado alcalde de nuestra, don Emilio Baeza Medina, abogado socialista. De esta forma los poderes locales fueron transferidos de una burguesía conservadora a una de tinte reformista liberal.
En cuanto a sanidad se refiere la asistencia hospitalaria pública era insuficiente a la demanda ciudadana. Para solucionar el problema se incautó al Hospital Noble, por la Corporación Municipal, hasta entonces administrado y gestionado por una Junta de Damas, para pasar a formar parte de la asistencia benéfica municipal. En este momento era director del Hospital Noble el Dr. Gálvez Ginachero.
Con este nuevo centro eran dos los hospitales destinados a la asistencia de los más desvalidos:”EL Noble y el Civil”.
Se realizaron inversiones para la adquisición de aparatos, entre ellos, para radiología, cistoscopios, material quirúrgico junto, con la renovación del ajuar hospitalario. Además se realizo un esfuerzo por ampliar la plantilla facultativa de ambas instituciones.
Ante estas corrientes reformistas los profesionales de la medicina malagueña adoptaron varias posturas: los hubo colaboradores, otros indecisos y algunos con actitudes abiertamente enfrentadas a las nuevas corrientes liberales.
El Dr. Gálvez Ginachero, fue despojado de su cargo de dirección del Hospital Noble, pero continuo siendo director del Hospital Civil. Si bien su actitud decisoria, a pesar de no oponer resistencia, estaba relegada a un segundo plano. Siendo el presidente de la diputación Enrique Mapelli quien se encargaba del funcionamiento de la institución.
Sin embargo el Dr. Don Rafael Pérez Montaut director del Hospital Civil desde septiembre de 1932 a mayo de 1934 fue capaz de colaborar activamente al afán de reforma hospitalaria de la Segunda República. No por ello dejo de tener sus discrepancias con la administración como ya se ha comentado.
DE LOS DISTINTOS SERVICIOS Y DEPARTAMENTOS DEL HOSPITAL
En los años precedentes a la guerra civil el hospital contaba con nueve servicios bien definidos. La sección de medicina integrada a su vez por medicina general, tuberculosis, infecciosos, dermatología, sífilis, y leprosería. La de cirugía que comprendía la cirugía aséptica, séptica, traumatología y ginecología. Los restantes servicios eran los de psiquiatría, oftalmología, otorrinolaringología, electrología con sección de Rayos X y oncología, laboratorio, odontología y farmacia.
La labor asistencial del hospital, estaba distribuida en dieciocho salas: las de San José, Nuestra Señora del Carmen, San Vicente, Santa Emilia y San Miguel, para enfermos quirúrgicos de ambos sexos y militares; las de San Carlos y San Ricardo para tuberculosos y tuberculosas respectivamente; la de San Roque para cirugía venérea; las de San Fernando, San Rafael y Nuestra Señora de la Concepción para medicina general, hombres y mujeres; las de San Juan Bautista y San Manuel para niños y niñas; las de Nuestra Señora de la Piedad, Santa Teresa, San Antonio, San Jerónimo y San Pablo para obstetricia y cirugía ginecológica.
Al frente de cada sala se encontraba el profesor de sala ayudado por practicantes y matronas, así como la hermana responsable de la organización y administración de la misma.
En este momento se contempló la posibilidad de la entrada de alumnos, bien de medicina, practicantes o matronas para el aprendizaje correspondiente de su profesión. El número estaba limitado a diez hombres y seis mujeres y sin derecho a tomar decisiones aisladas sobre los enfermos.
Como en épocas anteriores contaba el hospital con personal de servicios, que se les exigía entre otras condiciones saber leer, escribir, ligeras nociones de aritmética, ser mayores de 23 años pero menores de 60. Además disponía de costureras, ordenanzas, portero, y un mecánico para las tareas de calderas, motores, ascensores y todas las relacionadas con su oficio.
Desde principios del siglo XX, contaba este hospital con una centralita marca “Estándar. C.P.A”.7.200 10 x 100.-Sevilla-Toledo. Disponía de ciento seis líneas, de las cuales seis eran de comunicación externa para llamadas de entrada y salida a la calle y las restantes de comunicación interna de entre las distintas dependencias del hospital. Para su manejo se disponía de un turno rotatorio de cuatro personas, de tal forma que siempre había una a su atención las veinticuatro horas de la jornada. Sus horas de máxima confluencia de llamadas se producía siempre en las de mañana y como dato curioso ha llegado a mis manos según fuente del Sr. Alcalá la siguiente información: “A las diez de la mañana del día 3 de enero de 1977 controle en un minuto 40 llamadas. Así, pues en 48 horas serán 115.100 llamadas. Descontando la noche que desciende su ritmo, puede calcularse unas 100.000 llamas en 48 horas, las que causa esta pobre y huérfana centralita del hospital”.
LA GUERRA CIVIL (1936)
El Hospital Civil San Juan de Dios, vivió, sufrió, padeció, pero sobre todo asistió a todo aquel que lo necesitaba sin distinción de colores, en esta vergonzosa etapa de la historia española.
El hospital, edificio vulnerable como otros tantos de la ciudad, quiso destacar a la misión que le era encomendada, para de esta forma no ser blanco de los ataques de uno y otro bando. Para ello en su tejado extendió cuatro grandes banderas realizadas con las sabanas blancas, que a su vez tenían unas cruces rojas muy grandes en su centro, realizadas estas últimas, de mantas provenientes de la guerra de Melilla. De esta forma desde los aviones bombarderos se apreciaba que era un edificio asistencial sanitario.
El personal del hospital, con la ida al frente de muchos de sus miembros quedó disminuido en un 20%, esto no supuso una merma en la asistencia, sino todo lo contrario, gracias al sobre esfuerzo de los que se quedaron.
El Civil destinó ciento veinte camas para heridos y enfermos militares, prestando su asistencia en los últimos meses de la contienda a más de catorce mil pacientes.
Pero el hospital no solo se comportó como centro asistencial, sino que fue refugio antiaéreo en sus sótanos ante los bombarderos. El más pequeño de sus rincones, se habilitó de abrigo para los temerosos que iban huyendo de un sitio para otro.
El 7 de febrero de 1937 a la caída de la tarde, cuando los nacionales redujeron al ejército rojo, los vecinos del barrio de la Trinidad, en masa entraron atemorizados buscando refugio en el mismo.
La Diputación a  pesar de la penuria económica que sufrió después de las guerra, aposto una vez más por el hospital, destinando una buena parte del presupuesto, a la rehabilitación y saneamiento de un edificio sucio y desconfigurado que había perdido su identidad hospitalaria.
En Málaga, una vez liberada el 8 de Febrero de 1937, se estableció una Gestora Municipal, al frente su nuevo Alcalde don Enrique Gómez Rodríguez. Esta entidad aprobó en 1938 un presupuesto de 20.639 pesetas para obras de mejora del Hospital.
En 1940 y tras escuchar la demanda que gritaba la clase médica, la Gestora Municipal, plantea la reorganización del Hospital Civil Provincial. El nuevo organigrama asistencial quedaría constituido de la siguiente forma:
El servicio de Cirugía estaría constituido por cinco médicos: un Jefe de Servicio don José Lazarraga Avechuco; dos Profesores de Sala, don Rafael Campos García y don Antonio Luna Arjona; dos plazas de nueva convocatoria. Se crea un nuevo servicio de Electro-Radiología, adscrito al bloque quirúrgico.
El servicio de Medicina General, hoy Medicina Interna, aumentaría en dos médicos al servicio Quirúrgico: un Jefe de Servicio, don José Caffarena Sola; tres Profesores de Sala, don Eduardo Jáuregui Briales, don Manuel Pérez Bryan y don Antonio Moncada Jareño; tres puestos de nueva creación de médicos auxiliares.
El servicio de Ginecología y Obstetricia: cuatro médicos en total; un Jefe de Servicio, don José Gálvez Ginachero; Jefe de Sala, don Manuel Bustamante Pinto; dos médicos más por conceder.
Servicios de Psiquiatría: Jefe de los Servicios, don Pedro Ortiz Ramos; un médico auxiliar, como nueva plaza pendiente de cubrir.
Servicios de Medicina y Cirugía Infantil: bajo la dirección de don Rafael Pérez Montaut.
Servicio de Otorrinolaringología: Jefe del Servicio, don Francisco Fernández Mugüerza; mas una plaza de nueva creación.
Servicios de Tisiología, hoy Neumología, Jefe de Servicio don Adolfo Bosch Balcuende.
Servicios de Bacteriología y Anatomía Patológica: desierta y pendiente de crear la jefatura de servicio y en igualdad de condiciones la jefatura de Dermatología.
Los servicios de Farmacia, Laboratorio, Odontología con los respectivos jefes, don José Belló Marín, don Fernando Briales Franquelo y don Arturo Meliveo Muñoz.
Entre los requisitos de los aspirantes a estas nuevas plazas figuraba su adhesión incondicional a los principios generales del Movimiento
La Diputación malagueña y la Gestora Municipal de mutuo acuerdo decidieron también es estas fechas, la apertura de nuevos pabellones en el hospital, mas adelante.
EL PIOJO VERDE”: UNA DE LAS CONSECUENCIAS DEL DESASTRE NACIONAL
El tifus exantemático, nombre científico de esta enfermedad, es una patología aguda infecciosa, que cursa con exantema, producida por una bacteria de la familia de las Rickettsias, concretamente la Rickettsia Prowazecki y transmitida por el piojo del vestido (pediculus humanus corporis). Después de un periodo de incubación de una a dos semanas y tras un cuadro inicial de malestar, seguido de fiebre alta, aparece el exantema, primero papulo-maculoso para degenerar es un estado petequial, respetando en todo momento la cara y cuello. Sensación de enfermedad grave, acompañada de disartria, sordera y complicaciones como la neumonía, y la gangrena. En diez días el enfermo bien entraba en coma y moría, o empezaba a mejorar de una manera definitiva.
A principios del siglo XX era bien conocida la enfermedad en los términos anteriores, y se conocían los factores epidemiológicos, estacionales, sociológicos y de infraestructura higiénico-sanitaria relacionados con la misma. Es cierto que no se disponía de tratamiento etiológico, limitándose los principios terapéuticos en fármacos para paliar los síntomas.
Nada mas contemplar el cuadro clínico y quien lo desencadena, comprenderemos los factores favorecedores de la Málaga de la posguerra para explicar el foco epidémico que aconteció en nuestra ciudad durante 1941-1943, si bien  se habían dado casos con anterioridad, en 1920 con 20 muertes y los acontecidos en 1939 como inicio de lo que luego sería la epidemia.
La Málaga de la postguerra era un ejemplo de cualquier provincia española, pues la situación fue similar en todo el panorama nacional.
La crisis del pueblo malagueño estaba sustentada por una carencia de recursos, debida el déficit productivo y al aislamiento político que sufría la nación en este momento y que impedía la importación de materias primas, agravado por el control y racionamiento estatal, conducían a que artículos de primera necesidad, como podían ser, el jabón, el aceite, o la harina, fueran difíciles de conseguir.
El panorama arquitectónico de nuestra provincia también contribuyó al hacinamiento de los grupos de población y como consecuencia al aumento de parásitos entre sus vecinos. La zona de “las Viñas del Palo”, donde las personas vivían en cuevas escavadas en las montañas, “los Corralones”, permanecientes de la época industrial en los barrios de Huelin y el Perchel y las nuevas “Chabolas del barrio de “El Ejido”, qué junto con las ya existentes en las playas de San Andrés, conducían a un marco higiénico deplorable. Esto agravado si cabe más aún, con el aumento del índice de natalidad en el periodo que nos ocupa.
La Málaga de la posguerra era una Málaga hacinada, sucia con la huella del ataque bélico y con unos residentes, hambrientos carentes de recursos y muchos resquemores políticos.
De todo esto se desprende, de que a pasar de tener los conocimientos científicos de la enfermedad, esta se desmadrará hacia la epidemia. Sin dejar atrás los intereses de las autoridades, que como en epidemias de etapas anteriores de nuestra historia, trataban de ocultar los casos, a pesar de ser enfermedad de declaración obligatoria, como siempre, ante miras económicas de la Málaga turística. A pesar de tener el foco máximo la epidemia en la primavera de 1941, no se suspendieron los desfiles procesionales.
Las medidas tomadas por las autoridades sanitarias, consistían sobre todo en la insistencia del aseo personal, en la utilización del “agua y el jabón”, gran paradoja, pues el jabón era un bien de lujo muy preciado y al alcance de pocos. También se realizaron campañas de despiojamiento en la que la Sección Femenina tuvo un papel relevante. Para los más jóvenes, la Sección Femenina fue la rama femenina de la Falange Española, dedicada a labores asistenciales hacia los necesitados entre otras de sus tareas de tipo social.
La reclusión de mendigos en lugares destinados para ello como fue el “Refugio de Reding”, la habilitación de un centro de desinsectación y limpieza en la zona de la Aurora y un hospital de infecciosos en el Carmen, fueron otras de las medidas tomadas por el Ayuntamiento de la ciudad.
El tratamiento de los enfermos fue desigual en función de la clase social a la que pertenecían, los de clase media alta, el menor número de entre los contagiados, se aislaban y trataban en sus casas y los pobres se aislaban en centros hospitalarios. El hacinamiento de los más desprotegidos impedía un aislamiento eficaz en sus domicilios.
En lo que a nuestro hospital se refiere, en principio la Diputación solo habilito seis camas en sus dependencias para casos urgentes, mas tarde cuando se clausuró el Hospital del Carmen por creer que había mejorado la situación sanitaria, el Hospital Civil tuvo que tener disponible las 35 camas de su pabellón de infecciosos, si bien los honorarios de los pacientes ingresados, debían ser abonados por el Ayuntamiento.
Entre el año 1941, el peor de la epidemia, y el año 1943 se registraron 489 muertos.
EL OTRO TIFUS”: BROTE DE FIEBRE TIFOIDEA DE 1951
La fiebre tifoidea es una enfermedad infecciosa sistémica causada por la Salmonella Tiphi, con cuadro clínico de postración general, dolores articulares y abdominal, fiebre y erupción rosada de la piel. Su contagio se realiza vía oral a través de alimentos contaminados por portadores sanos, si bien también pueden contaminarlos las moscas.
En el invierno de 1951 los médicos malagueños detectaron algunos casos, inicialmente diagnosticados como gripe propia de la estación, con algunos síntomas abdominales, que les hicieron pensar en esta patología. En efecto gracias a la buena formación de los médicos de este momento el 15 de enero de este año estaba diagnosticada la enfermedad, que ya había tenido alguna manifestación anterior, como en 1942 con 200 casos y seis muertes, otra en 1945, sin olvidar un brote de enterocolitis en 1946.
En un comienzo, la negatividad de los análisis de agua, realizados en una toma en la Fuente de Olletas, como origen del suministro a la ciudad, desviaron la sospecha del agente causal a otras fuentes de contaminación distintas a la del agua. Más tarde debido a la concentración de casos en el casco urbano y tras las fuertes lluvias de comienzos de enero, se pensó en el acumulo de una importante capa hídrica en el subsuelo, contaminada y absorbida por las redes destinadas de consumo. Las conducciones de agua del centro de la ciudad y la red de alcantarillado eran pésimas en este momento. De este modo fue fácil la contaminación del agua de bebida en el casco urbano.
En tanto que el diagnostico de la enfermedad y la alerta sanitaria fue inmediata por parte del colectivo médico, la administración, como siempre, tardo más en poner en marcha un mecanismo de actuación basado en: el aislamiento de los enfermos, campaña de vacunación, desinfección de excretas vajillas y ropas. Las soluciones más radicales al conflicto fueron dos: el empleo de una nueva terapéutica etiológica, el uso de un antibiótico, la cloromicetina y la cloración de las aguas de consumo de Málaga.
Destacar el papel que desempeño el Gobernador Civil de la Provincia don Manuel García del Olmo, que solicitó la ayuda de un grupo de expertos técnicos, al Ministro de la Gobernación y al director General de Sanidad que se desplazaron a Málaga para el seguimiento del problema. Además fue quien facilito el tan apreciado y costoso antibiótico a todos los pacientes que lo necesitaron. En este momento este medicamento no estaba cubierto por el Seguro de Enfermedad.
El número total de enfermos asistidos en Málaga a cuenta del Estado con cloromicetina fueron 2447 de los cuales, en el Hospital Civil fueron 203 y en el H. Noble 80.Tratados en su domicilio a cargo del Seguro Obligatorio de Enfermedad 1235, por la Beneficencia Municipal 298, por la Jefatura Provincial de Sanidad 274, y finalmente por la Delegación Provincial de Sanidad de F.E.T 305.
En cuanto a las características epidemiológicas, este brote afecto a un total de 2.943 personas, correspondiendo el 43% de los casos al grupo de edad de entre los 5 y 15 años, con un predominio mas en mujeres que en hombres,3 a 1, en edades por encima de los 19 años. La complicación más temida de la epidemia fue la hemorragia intestinal que requirió la práctica de medicina transfusional en 77 pacientes. De entre las complicaciones quirúrgicas cabe destacar por su dramatismo y gravedad la perforación intestinal, registrándose 11 casos (0.37%), de los cuales murieron 3 (27.2%), en el brote que nos ocupa. Se contabilizaron 52 (1.7%) muertes durante todo el foco epidémico. Málaga contaba en este momento con una población de 270.000 habitantes.
El Hospital Civil provincial contaba con un buen Servicio de Infecciosos, bajo la responsabilidad del Dr. Don José Cafarena Sola, junto a él, el Dr. Don Antonio Gutiérrez Mata, Jefe Clínico del mismo. De igual forma disponía de un laboratorio para el diagnostico de la enfermedad y las correspondientes lesiones anatomopatológicas al frente del Dr. Raya y Raya. Las complicaciones hemorrágicas, fueron atendidas por el Dr. Eloy García, y los valiosos cirujanos, Luna Arjona, y López Magaña, atendieron las complicaciones quirúrgicas.
Con motivo de esta epidemia se realizó en el Hospital Civil Provincial un estudio sobre 255 enfermos de los cuales fueron tratados 232 casos con cloromicetina o medicamentos en los que este fármaco constituía el componente principal. Estos 255 pacientes no fueron la totalidad de los ingresados en el servicio de enfermedades infecciosas del hospital, sino que representaban a aquellos que cumplían las normas establecidas para el estudio, que consistían en tener un hemocultivo positivo y aquellos que sin tenerlo, presentaban aglutinaciones positivas globales superiores a 1/200, o frente al antígeno O superiores a 1/100. Fueron eliminados del estudio los casos positivos que no sufrieron las observaciones periódicas cada diez días durante el mes siguiente al momento del cese de la fiebre, tiempo establecido para la valoración de las recaídas.
Además de los beneficios del tratamiento sintomático establecido en épocas anteriores a base de piramidon, vitaminas c, k, p y estricnina, se demostró la eficacia del empleo de la cloromicetina, mediante un protocolo de administración en dosis de ataque, de sostén o mantenimiento y de seguridad. En este estudio 30 enfermos presentaron complicaciones (11.7%), de las cuales 22 fueron enterorragias (8.6%), y 3 perforaciones intestinales (1.1%). De los 255 casos, murieron 9 pacientes lo que supuso un índice de mortalidad  de un 3.5%.
DR. DON ANTONIO GUTIÉRREZ MATA: nació el 19 de septiembre de 1915 en el malagueño barrio de El Palo, estudió en la escuela pública de la calle del Mar y después, en el colegio San Estanislao de Kotska, donde permaneció hasta finalizar el bachillerato, tenia quince años de edad.
Los tres primeros años de medicina los cursó en Granada y otros cuatro en Sevilla. Durante la Guerra Civil Española interrumpió sus estudios por un periodo tres años, pero al ser estudiante del séptimo curso, fue destinado al Hospital Militar de Málaga. Finalizó la carrera, el cuatro de abril de 1940, donde se traslada a la capital de España para realizar los estudios de doctorado durante un año más, siendo discípulo del Dr. Marañón.
Finalizada su formación, regresó a El Palo donde ejerció la medicina, en una época en que era habitual realizar visitas a domicilio al no existir consultorio médico; además de en el barrio, atendió a pacientes en los montes cercanos y en el primer pueblo costero, La Cala del Moral, desplazándose mediante bestias o en bicicleta para ello.
A los 26 años, en 1942, obtuvo plaza en el Hospital Provincial de Málaga, siendo nombrado médico de zona en 1943. Estableció su consulta privada en la calle Moreno Carbonero, que asistió durante 31 años, atendiendo a numerosos pacientes, entre ellos al Cardenal Herrera Oria, el que fue obispo de Málaga.
En 1966 fue propuesto para desempeñar la Alcaldía de Málaga, tomando posesión del cargo el 23 de Septiembre de ese año, cargo que ostentó hasta 1970. Durante su mandato realizó una eficaz labor de ordenación urbana, creando escuelas, remodelando calles, apoyando la creación de nuevos accesos a la ciudad y prolongando la Alameda, así como las mejoras realizadas en el Hospital Noble con la instalación de un quirófano y una nueva sala para atención de los enfermos.
En su faceta personal y religiosa, el 6 de octubre de 1937 organizó una romería al Lagar de Witemberg, recuperándose en ella la imagen de la Virgen del Rosario (talla policromada del siglo XVII), que había sido salvada del incendio de su parroquia durante la contienda del 36 y escondida en este paraje, siendo devuelta a su iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Angustias en El Palo. La imagen cuenta con gran devoción de la gente del lugar, siendo la patrona “paleña” y la titular de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario.
Los restos de este médico, particularmente popular en su barrio, reposan en el cementerio municipal de El Palo desde 1983.
Su compañero y discípulo el Dr. Márquez Gémar lo recordaba de esta forma:
Admiraba muchas cosas de D. Antonio: su tenacidad, su cultura, su prodigiosa memoria, su caballerosidad, su humildad. . . .Su profundo conocimiento de la Patología Infecciosa.
. . Los que hemos trabajado con el sabemos las vacaciones que sacrificó para atender a sus enfermos, las visitas a la Sala a cualquier hora del día, su responsabilidad directa, no delegada, en cada uno de los enfermos; su tacto cuando había diferencia de criterios con los otros; su ayuda en cuantos problemas teníamos....Revista Oficial del Colegio de Médicos, Málaga nº2, Junio 1983



6 comentarios:

  1. Carmen, me gustaría saber dónde ha conseguido lis datos de mi abuelo Rafael Pérez Montaut. Sabía que era hijo del Doctor Sebastián Pérez Souviron?

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  2. Gracias por su comentario.Le he puesto un e-mail con la bibliografia.
    Un saludo

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  3. Buenos días , Carmen.
    Gracias por contestarme, pero no he recibido ningún e-mail. Mi dirección de correo es marisasalvago@gmail.com.
    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Hola buenas noches,lo primero quisiera agradecerle su interes por el libro y el haberse dirigido a mi.Los fondos documentales de la Diputación que están en el Archivo de los Guindos y los textos de la biblioteca de Canovas del Castillo (Calle Ollerias) han sido las principales fuentes consultadas.En la biblioteca de Canovas hay un texto en varios tomos manuscrito de un un empleado de la administración del hospital Sr.Alcalá que tiene mucha información y creo que los datos de su abuelo los tome de aquí.
      Un saludo

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  4. Buenas tardes Carmen, estoy realizando un trabajo sobre Gálvez Ginachero para la universidad.
    Le escribo por si me podría decir de dónde ha conseguido toda esta información, para ayudarme de ella y seguir fundamentando mi trabajo.

    Mi dirección de correo es elenapenpal@gmail.com

    Muchas gracias, un saludo!

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